viernes, 17 de octubre de 2014

MISIÓN A LA LUNA







En 1883, un maestro de escuela ruso, Konstantin Tsiolkovsky, escribió “Espacio Exterior”. En él se describían los métodos para desplazarse en el espacio, sin gravedad. Posteriormente plantearía la necesidad de crear una atmósfera portátil y combustible criogenizado. En el se basaría Julio Verne para su “Desde la Tierra a la Luna”.

En 1912 nación Wernter Magnus Maximilian Freiter von Braun, aristócrata alemán. Con 20 años, von Braun, ya era ingeniero y fue reclutado por los NAZIs para desarrollar armamento. Hay constancia de que él nunca compartió sus ideales y menos aún la metodología de las SS, pero como suele ocurrir en las dictaduras, no tenía otra opción.

von Braun

Fue el padre de los misiles V1 y V2, lo cual le causó un gran conflicto moral, ya que sus investigaciones estaban enfocadas para viajar a otros planetas, no para aniquilar a miles de personas.

Con la caída de la Alemania NAZI, von Braun y sus camaradas, se rindieron a los americanos, y en ese mismo momento, nació el programa Apolo.

Se podría decir que la carrera espacial dio el pistoletazo de salida en 1957, con el Sputnik 2 orbitando la Tierra.

Sputnik 2

Los americanos iban de desastre en desastre, la gota que colmó el vaso fue el proyecto Vanguard, intentaron lanzar un satélite del tamaño de un melón que no consiguió elevarse apenas unos cientos de metros antes de explotar. Tras ese incidente, el Congreso de EEUU, se tragó su orgullo y decidió empezar a utilizar a von Braun y su equipo, que hasta ese momento habían sido apartados de los proyectos oficiales debido a su pasado y nacionalidad.

El 31 de enero de 1958, tres meses después del fracaso internacional del Proyecto Vanguard, von Braun y su equipo pusieron en órbita el Explorer, construido en 84 días y mucho más avanzado que los Sputniks.

Explorer


Era capaz de medir los rayos cósmicos, impacto de micrometeoritos y la temperatura de la órbita terrestre, descubriendo también, los Cinturones de van Allen, partículas de gran energía que rodean la Tierra.

La carrera espacial estaba lanzada, el objetivo era poner al primer hombre en el espacio, la duda era si sería de EEUU o de la URSS. Sergei Korolev por la URSS y von Braun, por EEUU, trabajaban sin descanso.

El 9 de marzo los soviéticos dieron un golpe encima de la mesa. Pusieron en órbita un misil Vostok con una cápsula que en la que se encontraba Yuri Gagarin. Se retransmitió en directo y fue todo un éxito, dejando, Gagarin, para la posteridad la siguiente frase: “Pobladores del mundo, salvaguardemos esta belleza, no la destruyamos”

Yuri Gagarin


El 5 de mayo de 1961, EEUU, alcanzó a la URSS y puso a su primer hombre en el espacio, Alan Shepard, a bordo del Mercury. El proceso era más bien como lanzar una bala de cañón. El cohete tenía la potencia justa para lanzar al astronauta fuera de la atmósfera y de vuelta hacia abajo.


Alan Shepard




Mercury
















Unos tres meses les duró la alegría. En agosto de 1961, Gherman Titov realizó un vuelo orbital con otro Vostok, permaneciendo un día entero en órbita. La NASA se ponía nerviosa y el Congreso se empezaba a enfadar, se invertía muchísimo dinero y siempre se iba por detrás de la URSS.

El 18 de marzo de 1965, Alexei Leonov, fue la primera persona en salir de una aeronave en órbita y “dar un paseo” por el espacio exterior. EEUU tuvo que espera al de junio para que, Ed White, hiciera lo mismo que su homólogo soviético.


Alexei Leonov



Ed White

Parecía que EEUU, con su Proyecto Gemini, encontraba el rumbo adecuado en la carrera espacial. Se sucedían los éxitos, uno detrás de otro y con muchas más complejidad que los proyectos de los soviéticos. La última Gemini voló el 11 de noviembre de 1966, con Jim Lovell y Buzz Aldrin a bordo, todo fue a la perfección. Era el momento de iniciar el Programa Apolo y poner rumbo a la Luna.
En el momento en que ambas potencias comprendieron que ya no quedaba más objetivo que la Luna, la carrera espacial, comenzó a ser más noticia por sus fracasos que por sus aciertos. Salir de la atmósfera, dirigirse a la Luna, hacerlo mediante cohetes, acoplamientos, oxígeno, presurización, temperatura, etc., esto era todo mucho más complejo. No bastaba con orbitar la Luna, había que descender, pisarla, tomar muestras y volver sanos y salvos a la Tierra.

Ejemplo de ello fue el desastre del Apolo I. En su simulacro de cuenta atrás, el módulo comenzó a arder, atrapando, sin posibilidad de escapatoria, en su interior a los tres astronautas que formaban la tripulación. Para los soviéticos el desastre fue aún mayor. Construyeron el Soyuz I, con Vladimir Komarov a bordo comenzó a dar fallos, Komarov, estuvo dando tumbos por el espacio hasta que consiguió entrar en la atmósfera, en el descenso, el paracaídas se enredó y la nave se estrelló contra la superficie terrestre a 145 km/h.

Restos de la Soyuz 1

Después de sendos fracasos, hubo un fuerte parón por parte de ambas potencias, pero los desastres seguían sucediéndose, aunque eso si, EEUU había adelantado a la URSS con su programa Apolo.

El 3 de julio de 1969, después de que el Apolo VIII hubiera orbitado la Luna, y con la misión Apolo XII programada en dos semanas, los soviéticos sufrieron el mayor fracaso en su programa espacial. Lanzaron el cohete más grande jamás construido por la mano del hombre, el N-1. No era una simple prueba, era un intento en toda regla para ganar a EEUU en la carrera espacial. En la parte superior del cohete estaba el nuevo módulo lunar, que no había sido probado todavía. Unos kilómetros más atrás, había un pequeño cohete con una nave Soyuz con tripulación, ésta despegaría cuando el N-1 entrara en órbita terrestre, se reuniría con él y seguirían juntos hacia la Luna, adelantando a EEUU en, al menos una semana.

Terminada la cuenta atrás, el enorme cohete abandonó la plataforma de lanzamiento. Cuando se había elevado unos metros, la segunda fase recibió una señal errónea que avisaba que la primera fase había concluido, y también ésta se inició. En seguida explotó el cohete, creando una bola de fuego enorme que al caer a tierra formó una enorme pira que estuvo días ardiendo. 


Cohete N-1

Se llevaron acabo posteriores intentos para reiniciar el proyecto N-1, todos sin éxito. El sueño soviético de derrotar a los estadounidenses se consumió con aquella espantosa explosión.

Antes de éste suceso, en agosto de 1968, se dio el primer gran paso para la posterior “conquista” de la Luna por parte de EEUU.

Fue toda una sorpresa para Borman, James Lovell y Bill Anders. Ellos estaban, en un principio, destinados a la misión Apolo IX, y su objetivo iba a ser orbitar la Tierra, pero la NASA, no sin asumir un riesgo alto, decidió pasarlos al proyecto Apolo VIII, cambiando totalmente la misión que tenían que cumplir, su nueva misión no consistiría en orbitar la Tierra, iban a orbitar la Luna. Los motivos por los que la NASA decidieron hacer este cambio fueron principalmente dos: Primero, todo había ido perfecto en la misión anterior y no veían necesario gastar más dinero en otro vuelo de prueba. Segundo, se rumoreaba que los soviéticos tenían en mente dirigirse a la Luna en los próximos meses, aunque ya hemos visto lo que ocurrió.

Todo fue a la perfección, las fases se desprendieron con éxito y, por primera vez en la historia, una tripulación abandonaba la órbita terrestre y se encaminaba hacia un nuevo objetivo, la Luna. El Apolo VIII se desplazaba a unos 10500m/s. Después de 60 horas de vuelo, abandonaría el área de atracción terrestre y se adentrarían en la lunar. El destino elegido era una órbita lunar a 97 km de altura, pero cualquiera otra más cercana sería aceptable. 

Entre otros objetivos se encontraba el de captar la primera imagen de la Tierra desde el espacio exterior. Una visión sobrecogedora. Bill Anders declaró:

“Era el único color que podíamos ver en todo el Universo. Vivimos en una pequeña mota de polvo en un rinconcito de la galaxia y, básicamente, está ahí para nosotros, los humanos. Me aflige mucho que nos enfrentemos continuamente por el petróleo o la fronteras”.

Jim Lovell, por su parte, añadió:

“En un instante te das cuenta de lo insignificantes, frágiles y afortunados que somos de poder disfrutar del cielo, los árboles y el agua… Es algo que damos por hecho al nacer. No sabemos lo que tenemos, yo tampoco lo supe hasta que abandoné el planeta”.

Primera imagen de la Tierra


La misión fue un completo éxito y, el sueño de pisar y caminar sobre la Luna, estaba cada vez más cerca.

A principios de 1969, la NASA, estaba preparada. El Apolo VIII había rodeado la Luna y estaba previsto que el Apolo XI alunizara en julio.

Es cierto que todavía tenían detalles que pulir, el módulo lunar pesaba mucho y no había forma de alunizar con él. Las misiones Apolo IX y X sirvieron para este propósito. Tenían que asegurarse que el módulo funcionaba y necesitaban datos en situación real para los simuladores. El Apolo IX voló durante diez días y todo fue a la perfección. El vuelo del Apolo X fue bien, pero tuvieron ciertos problemas de estabilidad de vuelo, se balanceaba tanto que se les hacía casi imposible, a la tripulación, ver los paneles de mando.

Era mayo y el Apolo X se disponía a practicar un aterrizaje del módulo lunar. Los astronautas Cernan y Stafford se introdujeron en el módulo y comenzaron a descender hasta encontrarse a una distancia de 16 km de la superficie. En ese momento se desprendieron del módulo de alunizaje y comenzaron a ascender hacia el módulo de mando. Justo en esa fase, perdieron el controlo de la nave y comenzaron a girar sin control hacia las montañas lunares. Tras unos minutos de tensión, retomaron el control y la situación se subsanó. Todos llegaron sanos y salvos a la Tierra y, salvo el susto, todo fue a la perfección.

Llegó el gran día. El 16 de julio de 1969, el comandante Neil Armstrong, el piloto del módulo lunar Buzz Aldrin y el piloto del módulo de mando Michael Collins, se dirigían a la plataforma de lanzamiento 39A.

Eran las 09:32 am en la Costa Este de EEUU cuando, desde control se escuchó: “Han despegado, han despegado”. El cohete fue ganando velocidad y altura, enseguida la fase SIC agotó sus más de dos millones de kg de combustible y se desprendió. La fase SII la reemplazó al instante y el cohete siguió su rumbo. Cuando finalizó la fase SIVB se encontraban en órbita terrestre. Dos horas y media después, programaron la inyección translunar (TLI) y abandonaron la órbita terrestre. Hora y media después, Collins, tomó los controles del módulo de mando y se separó de la SIVB, el módulo lunar esperaba a ser recogido y arrastrado.

Panel de control del Módulo Lunar

Volando en tándem, el módulo lunar y el módulo de mando, se alejaron a toda velocidad en dirección a un punto negro en el espacio donde, la Luna, estaría situada dentro de tres días.

Habían estado en órbita el tiempo suficiente para comprobar que todo funcionaba bien y podía iniciarse el descenso. El módulo lunar se separó del módulo de mando, ahora eran dos naves y, Armstrong, esperaba el visto bueno de Houston para iniciar el descenso.

Apenas habían empezado el descenso, a 14021 metros, comenzaron los problemas. Alarma 1202, ¿qué era esa alarma?, se preguntaban desde Houston. Segundos después se dio la orden de continuar con la misión, sin dar explicaciones. Cuando el “Águila” se encontraba a unos 1524 metros de la superficie volvieron a saltar las alarmas, error 1201 esta vez. Nadie, salvo el controlador Steve Bale, parecía saber lo que estaba pasando: “Seguimos con el plan”, ordenó.

Más tarde explicarían que los errores provenían de que olvidaron, los astronautas, de apagar el radar de acoplamiento, por lo que se estaba saturando de datos, de ahí las alarmas.

Minutos después, la tripulación, se tuvo que enfrentar a otro problema. Justo donde la computador les estaba guiando había un gran número de rocas. Armstrong tomó los mandos y comenzó a desplazar el Águila para encontrar un sitio limpio donde alunizar. Estaba tranquilo, como siempre, pero él y Aldrin sabían que no podían gastar mucho más combustible y si no alunizaban en los próximos minutos tendría que abortar la misión y regresar al módulo de mando. Por otro lado, si no conseguían ascender por falta de combustible, se estrellarían contra la superficie lunar.

Cuando sólo les quedaba un minuto de combustible, Aldrin pronuncien: “Luz de contacto”. Esto significaba que una de las patas del módulo estaba tocando superficie. Armstrong paró el motor y la nave se posó sobre la Luna. Tras un momento de incertidumbre, Armstrong, dijo: “Houston, aquí Base Tranquilidad, el Águila ha aterrizado”.

El Apolo XII lo había hecho, el hombre había llegado a la Luna, ya nada volvería a ser igual.

Armstrong descendió y pisó por primera vez la Luna. Buzz Aldrin se unió treinta minutos después. Ambos estuvieron dos horas y media en la superficie lunar, recogiendo muestras. Como nota curiosa, cabe destacar que no hay ni una sola foto de Neil Armstrong sobre la superficie lunar, Aldrin no le tomó ninguna, las malas lenguas dicen que fue porque Aldrin estaba enfadado por no haber descendido el primero, que es como debería haber sido, aunque la NASA lo tacha a un descuido más que a otra cosa.

El viaje de vuelta transcurrió sin problemas y, antes de que se dieran cuenta, se vieron envueltos en desfiles con confeti y una gira mundial.

Ninguno de los tres volvería al espacio jamás. Sin embargo, habían cumplido su misión con distinción y el mundo había cambiado para siempre. El hombre, había alcanzado la Luna.

Buzz Aldrin

Hasta aquí todo lo ocurrido en la carrera hacia la Luna. Hoy día sigue existiendo el debate de si fue todo un montaje o no, que nunca llegamos a la Luna. Personalmente no lo creo, hay muchas más pruebas a favor de que llegamos que en contra. Otra cosa es que nos contasen todo lo que allí ocurrió:

Apolo XI: ¿Qué diablos era eso? Es lo que quiero saber. Estas cosas son gigantescas, señor. Dios mío, no lo creería.

NASA:¿Qué..? ¿Qué diablos pasa?

Apolo XI: Están aquí, bajo la superficie.

NASA: ¿Qué hay ahí? Control de misión llamando a Apolo XI.

Apolo XI: Estamos aquí, los tres. Pero hemos encontrado visitantes…Pos las instalaciones, parece que han estado aquí desde hace mucho tiempo… Digo que ahí fuera hay aparatos espaciales. Están alineados en fila al lado del cráter. 

Esta transcripción fue corroborada por Buzz Aldrin, quien asegura que estuvieron todo el viaje acompañados por naves no pertenecientes a la Tierra. Esto, sumado a las famosas cintas borradas para reutilizar en misiones posteriores, nos da a entender que en el viaje ocurrieron cosas mucho más trascendentes que el espectacular hito de poner un pie en la Luna.